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Las tormentas y la reforma del sistema de financiación de exportaciones


Roque san Severino

Balmaseda es de tierra adentro, escasamente marinera, y el único agua que conoce es la del Cadagua que la cruza o la que deja caer el, por lo general, encapotado cielo que la cubre. Así, es difícil, aunque no inaudito, que la Villa dé hijos a la mar. En consecuencia, no pocas fueron las bocas que se quedaron abiertas cuando D. Juan María reclamó a Emilio, ambos hijos de la capital de las Encartaciones, como segundo oficial para uno de los buques que componían la histórica Naviera Vizcaína. Cuando esté volvió a sentarse en las arquivoltas de la iglesia, contaba historias de galernas, de huracanes y tifones, de tormentas que empequeñecían los navíos y las almas de sus tripulantes, a semejanza del temporal que hoy azota al veterano esquife del sistema español de financiación de exportaciones.


Estas mismas líneas se han hecho eco, en alguna ocasión, de lo que comenzó siendo un soterrado murmullo y ya ha adquirido tono de conversación bulliciosa, esto es, de la imprescindible reforma del actual sistema español de financiación de exportaciones. Poco a poco, la realidad cotidiana del sistema financiero español se va imponiendo y lo que, hace unos meses, era, sencillamente, temor por el advenimiento, más o menos próximo, del nuevo sistema de disciplina bancaria impuesto por Basilea III, se ha convertido en pavor, ante la evidencia de que a este factor se le suman los efectos de otras dos crisis muy cercanas como son la de la deuda soberana y la de confianza del sistema financiero, que ha secado, por completo, el mercado interbancario. En definitiva, en un plazo de tiempo muy breve,  ha cambiado la naturaleza de la ecuación y si, hasta hace muy poco, la reforma del sistema español de financiación de exportaciones era una necesidad preventiva, hoy es una exigencia reactiva. Sólo una reacción rápida y profunda por parte de los poderes públicos puede evitar que se produzca, a corto plazo, una sequía completa de recursos para la financiación de exportaciones.

La crisis de la deuda afecta al sistema de financiación de exportaciones en la medida en que,  CESCE emite seguros por cuenta del Estado, de manera que lo que refleja en sus libros el banco financiador y, en consecuencia, asegurado es, de hecho, riesgo España. No hace falta estar muy al tanto de la realidad y actualidad financiera para darse cuenta de que éste no es ya un activo muy apetecido por el sistema bancario. Este es un primer motivo de sequía de recursos para la financiación de exportaciones.

Pero no hace falta irse tan lejos para verificar esta sequía, pues la crisis de confianza que, desde hace, prácticamente, dos años, atenaza el sistema financiero mundial hace que el mercado interbancario, principal proveedor de liquidez del sistema, haya reducido su volumen de contratación hasta niveles de completa insignificancia, condicionando así las posibilidades de fondeo de la banca financiadora de operaciones de crédito a la exportación.

En definitiva,  se aproxima la tormenta perfecta; la conjunción de tres factores (Basilea III, crisis de la deuda soberana y crisis del mercado interbancario), que pueden hacer, en un plazo de tiempo relativamente corto,  imposible la financiación de exportaciones españolas.

Ante tan sombrío panorama, todo diseñador de política económica ha de sopesar costes y beneficios, ventajas y desventajas. Poco cabe decir acerca de la relevancia que tiene la exportación en la actual coyuntura económica española, en el que las exportaciones es el componente más dinámico de la demanda agregada y la tabla de salvación que, hasta el momento, ha evitado a la economía española una recesión adelantada y más profunda. Dejar de apoyar, en estos momentos, a la exportación sería un grave error de política económica, que tendría un elevado precio, en términos tanto de actividad económica como, sobre todo, de empleo.

Es muy importante tener presente que el crédito a la exportación es, en estos momentos, uno de los pilares de la competitividad de la exportación española. Para los exportadores de bienes de consumo, la financiación que ofrecen a sus clientes extranjeros es determinante de la capacidad de compra de éstos, particularmente, en una coyuntura de “credit crunch” generalizado, como la presente. Para los exportadores de bienes de equipo, la posibilidad de financiar sus ventas es básica para mantener la demanda extranjera de inversión0
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Esta relevancia del capítulo financiero no es privativa de la exportación española sino una característica generalizada del actual comercio internacional, al punto de que, en más de una ocasión, el actual Director General de la Organización Mundial del Comercio, Pascal Lamy, ha correlacionado la disponibilidad de recursos crediticios con la evolución del comercio mundial.  Así, el país que no esté en condiciones de proporcionar a sus exportadores un sistema de financiación de sus ventas, sencillamente, está afectando a su posición competitiva. Este sistema, por otro lado, no sólo ha de proporcionar recursos financieros sino que también ha de asegurarse de que éstos estén alineados, en términos de plazos, interés y condiciones, con los que ofrecen de sus competidores, so pena de perder posiciones competitivas y mercados.

Pero si esta argumentación no resultara suficiente para reblandecer las reforzadas defensas de los diseñadores de la política económica y adalides, no por justificados menos irredentos, de la restricción presupuestaria, convendría recordar que el crédito a la exportación es un instrumento de política económica que no contribuye al déficit público, en tanto que no computa como gasto público sino como una simple variación en la posición activa del Estado. Por consiguiente, la financiación de las exportaciones es una medida de política económica con todo el “upside” de las políticas de demanda sin el “downside” del efecto que éstas tienen sobre el déficit público. Asimismo, es importante tener presente que, en la medida en que contribuya a solidificar la actividad exterior de las empresa españolas, también tiene los efectos de una política de oferta, aportando a la deseada modificación de la estructura del sistema productivo.

Esta batería de razones y argumentos pretende hacer evidente la necesidad y la urgencia de una reforma profunda del sistema español de financiación de exportaciones, como medida de política económica. Donde antes había debate, cuaja ya el consenso; así son ya muchas las voces que, desde los sectores empresarial, por un lado, y bancario, por otro, formulan  este planteamiento de reforma. La capacidad del nuevo Gobierno para dar respuesta, en términos de velocidad y profundidad, a esta necesidad de reforma  será, sin duda, un componente básico de su propuesta de política económica.

La impronta de las Encartaciones en los siete mares quedó asegurada cuando la referida Naviera Vizcaína botó el petrolero Valmaseda; de la misma manera, la presencia en los mercados internacionales de la oferta exportadora española precisa de una reforma del actual sistema de financiación de exportaciones.

Nota final. Hasta este lejano rincón vizcaíno ha llegado la noticia del reciente fallecimiento de D. Manuel Varela, padre del Plan de Estabilización de 1959 y, lo que viene más a nuestro caso, fundador del actual sistema español de crédito a la exportación y primer presidente de CESCE. Desde aquí, hacemos público nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestra admiración.