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Basilea III y la financiación de exportaciones


Los cambios en la Villa, Basilea III y la financiación de exportaciones

Roque San Severino

La Villa ya no es la misma. Donde antes había monos azules y boinas, hoy hay trajes de oficinista y parkas de estudiante. Lo que antes era lluvia que penetraba el humo negro de las fábricas y fundiciones, hoy es un sol que, en invierno, apenas calienta. Lo que antes era el tren cargado de carbón para la siderurgia bilbaína, hoy son cómodos vagones de cercanías que aproximan a los balmasedanos a sus trabajos en la capital vizcaína. Todo ha cambiado, pocas cosas son las mismas. Han tenido que suspender las fiestas de agosto, pues Balmaseda queda vacía, sus hijos e hijas al remojo de las playas levantinas, en lugar de acudir al Cascajal o a la presa, a combatir los tímidos calores caniculares en las aguas remansadas del Cadagua. Sin darnos cuenta, sin apenas apercibirnos, la realidad se transmuta en nuestro rededor, haciendo antiguo, ineficiente, inútil o, incluso, contraproducente lo que antaño construimos y utilizamos con éxito. 

Ya en anteriores ocasiones nos hemos referido, desde estas mismas líneas, al hecho de que diez años de liquidez ilimitada tuvieron, desde el punto de vista de la financiación de las exportaciones, básicamente, dos efectos:

1. Solucionar el problema de la deuda soberana de los países en desarrollo, generando importantes flujos positivos para las aseguradoras oficiales de riesgo país de crédito.

2. Eliminar, prácticamente, el componente de ventaja competitiva de los paquetes crediticios con apoyo oficial de las ofertas exportadoras.

Por otro lado, se está conformando un cierto consenso en torno a la idea de que el origen de la actual crisis económica y financiera gira en torno a un crecimiento descontrolado de la oferta monetaria generada, a su vez, por un vertiginoso aumento de la velocidad de circulación del dinero, causada por la aparición de unos instrumentos financieros y prácticas bancarias creados, en gran medida, para superar las limitaciones que, al efecto, habían implantado las autoridades financieras y monetarias. Este razonamiento explica la trasmutación que ha experimentado la crisis, surgida de una crisis de confianza que se  transforma  en una crisis de liquidez, para terminar como una crisis de deuda.

Cuando el ángel caído de la liberalización de los mercados se enfrenta al ángel justiciero de la regulación de los mercados, cuando todo lo que antes fue bueno hoy se convierte en origen de todos los males, en un caprichoso cambio de mantra imperante, surge el razonable deseo, de naturaleza claramente ex – post, de que esta situación no se vuelva a repetir, de procurar que la experiencia sirva de frágil barrera frente a futuros desastres. En esta nueva-repetida circunstancia, las autoridades económicas mundiales se afanan en la construcción de un nuevo edificio financiero internacional que ponga coto y freno a lo que hoy se considera un exceso, un desmán y un abuso. Uno de los instrumentos limitativos de las transacciones financieras y, en consecuencia, uno de los supuestos frenos sistémicos a una indeseada eclosión de la oferta de productos financieros, a su vez, aceleradores de la velocidad de  circulación del dinero y, por tanto, de la expansión crediticia, es la reforma de criterios de gestión del riesgo bancario que, en definitiva supone Basilea III.

Como cualquier otro producto bancario, la financiación de exportaciones se va a ver seriamente afectado por la normativa de Basilea III y, lo que es igualmente relevante, va a afectar tanto al segmento del mercado del crédito a la exportación con apoyo oficial como la financiación de exportaciones puramente comercial.

Por lo que respecta a las operaciones estrictamente comerciales, esto es, sin apoyo oficial alguno y que, por regla general, se concentran en el llamado tramo de corto plazo, es preciso señalar que se van a ver afectadas, básicamente, por dos medidas:

a) La aplicación de un parámetro de 1,25 para el cálculo del riesgo computable en operaciones interbancarias supone un aumento del coste sobre el Euribor de un 25%, cuando la mayor parte de las operaciones de financiación del comercio exterior tienen, precisamente, una naturaleza interbancaria.

b) La llamada ratio de apalancamiento prevé, para su cómputo, la inclusión de todo el riesgo bancario, incluyendo el riesgo hoy fuera de balance, cuando operaciones tan propias del comercio exterior como son los créditos y remesas documentarias, los avales y la parte no dispuesta de los créditos comprometidos tienen, en la actualidad, precisamente, esta naturaleza.

Por tanto y de no mediar modificación alguna, en el ámbito de las operaciones de corto plazo, Basilea III, en sus términos actuales, implicará un aumento del coste de las operaciones de financiación del comercio exterior y, simultánea que no consecuentemente, una reducción de la oferta de financiación del comercio exterior.

En el segmento de medio y largo plazo, donde el apoyo oficial es un factor determinante, los efectos de Basilea III son mucho más claros y, consecuentemente, económicamente determinantes. De manera muy esquemática, cabe subrayar los siguientes:

a) La ratio de cobertura de liquidez no incluye, entre los activos líquidos de alta calidad, esto es, el numerador de dicha ratio, los créditos a la exportación con cobertura de la correspondiente Export Credit Agency (ECA) y, en definitiva con garantía gubernamental del país acreedor. Aparentemente, no son considerados suficientemente líquidas estas garantías.

b) La ratio de financiación neta estable no incorpora a la financiación interbancaria  a menos de 12 meses entre las fuentes de financiación estable.

El efecto conjunto de estas dos iniciativas es doblemente pernicioso para la actividad financiera ligada al comercio exterior. Por un lado, reduce la capacidad real del sistema financiero para satisfacer la demanda de crédito e incrementa el coste de éste, al aumentarse el coste de las fuentes de financiación. Por otro lado, este sistema establece una clara discriminación entre los dos sistemas oficiales básicos de provisión de recursos crediticios para la financiación de exportaciones. El primero, que podemos denominar, con salvedades menores, europeo consiste, de manera esquemática y, en consecuencia,  en una provisión interbancaria del fondeo, complementado con un mecanismo de cobertura de seguro de crédito con cargo al presupuesto público.

Desde un punto de vista bancario, este sistema europeo permitía a la banca el ejercicio de una actividad financiera caracterizada por un bajo nivel de riesgo y una ausencia de exigencia de dotación de provisiones, dada la garantía pública del seguro de crédito contratado. En definitiva, una inversión crediticia rentable y cuyo riesgo no tenía impacto negativo sobre la cuenta de resultados.

Frente a este sistema europeo, el sistema que, también con imprecisión, podemos denominar americano, encarnado en el EXIMBANK norteamericano, parte del fondeo público, en primera instancia o a través de una refinanciación, de los créditos a la exportación contratados por la banca comercial, convirtiéndose ésta en meros gestores de dicho crédito, cuyo riesgo y fondeo, como se ha indicado, corre a cargo de la mencionada institución pública.  

Hasta la fecha, la normativa aún vigente derivada del convenio Basilea II mantenía una estricta neutralidad entre estos dos sistemas de apoyo oficial a la financiación de exportaciones, reconociendo la alta calidad de la garantía gubernamental implícita en los seguros de crédito emitidos por las instituciones, tanto públicas como privadas, que gestionaban el llamado sistema europeo. Pero, y esta es una novedad de enorme trascendencia, Basilea III no lo hace. Concretamente y como ya se ha apuntado, no considera que estos seguros cuenten con una liquidez suficiente y, en consecuencia, excluye a estos crédito del denominador del ratio de cobertura de liquidez. 

Pero es importante ver que, más allá de las reflexiones técnicas, esta iniciativa tiene importantes implicaciones en dos planos bien diferentes.

1. En un ámbito global, Basilea III va a suponer, para la financiación de exportaciones, una  importante reducción de la oferta crediticia por parte de la banca comercial y un importante aumento en el coste de esta financiación. Ello, indudablemente, generará efectos sobre el comercio internacional que, en un contexto de crisis de demanda, darán lugar a una profundización en la recesión, como ya denunció el Secretario general de la Organización Mundial de Comercio en el pasado mes de octubre.

2. En plano español, dadas las características del sistema español de financiación con apoyo oficial de  exportaciones y la peculiaridad de la oferta exportadora española de productos de alto valor añadido, históricamente muy dependiente de esta oferta financiera con apoyo oficial, Basilea III va a imponer una notable pérdida de competitividad de la oferta exportadora española y, en consecuencia, la posible pérdida de determinados mercados exteriores.

Sin embargo, estas reflexiones más que generar alarma, desesperación en algunos y abandono en otros, han de motivar la reflexión y la acción. Nuevamente, en un ámbito global, las autoridades comerciales y  económicas españolas han de promover una reforma de los criterios de Basilea III, que aún no son definitivos, en dos direcciones básicas.

1. Exclusión del ratio de apalancamiento del riesgo fuera de balance ligado a operaciones de comercio internacional.

2. Exclusión del ratio de cobertura de liquidez de los créditos a la exportación asegurados por una institución con garantía pública.

La ausencia de éxito en esta gestión obligará, irremediablemente, a una estrategia alternativa, consistente en una profunda reforma y reestructuración del sistema español de financiación de exportaciones, para la que, por otros motivos, ya  existe una clara y creciente demanda. En esta ocasión, esta reforma debería tomar uno de los dos siguientes derroteros:

1. La construcción de un Eximbank, integrando funciones que hoy ejercen el ICO y CESCE, que supere la falta de neutralidad entre los dos sistemas de financiación con apoyo oficial de exportaciones, anteriormente destacada, de Basilea III. Este Eximbank aunaría, siguiendo las líneas operativas del modelo norteamericano, las funciones de seguro de crédito y provisión de fondeo a la banca en operaciones de financiación de exportaciones.

2. La modificación de la naturaleza económica y jurídica del instrumento asegurador emitido por CESCE, pasando de la figura del seguro a la de garantía incondicional y a primera demanda que permita cumplir con los requisitos de liquidez que exige Basilea III. La aún nonata Ley de Economía prevé una medida aislada en este sentido,  para una serie de operaciones muy concretas, lo que puede marcar la tendencia de una evolución del seguro de crédito a la exportación con apoyo oficial desde un modelo de seguro hacia un modelo de garantías, próximo a la referencia británica de ECGD.

En última instancia, esta realidad ha de servir para demandar de nuestras autoridades económicas una reacción que introduzca ciertas dosis de neutralidad en las reformas financieras que, de manera directa y consciente,  generará Basilea III y para obligar a nuestras autoridades comerciales a un profundo ejercicio de reflexión acerca del futuro inmediato de nuestro sistema de financiación de exportaciones con apoyo oficial y, en consecuencia, del futuro del sector exterior de la economía de nuestro país, al igual que en Balmaseda, la realidad ya no es la misma.