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¿Por qué son intocables los fondos de cooperación?

Atrium

El presidente del gobierno ha vuelto a señalar recientemente que, en la actual etapa de crisis y recorte del gasto, los fondos asignados a cooperación al desarrollo no serán tocados. ¿Por qué? No se sabe. No se ha dado ninguna justificación de por qué esta partida del gasto público debe quedar al margen de los efectos de la crisis. Máxime cuando existen motivos para pensar que buena parte de estos fondos no se están asignando de manera eficiente, como se señala en el último informe de Intermón Oxfam sobre la ayuda al desarrollo, en un artículo de José Antonio Alonso, uno de los principales especialistas sobre el tema que hay en España.

altLos fondos destinados a cooperación al desarrollo han crecido de forma vertiginosa en los últimos años, con el objetivo de llegar al famoso 0,7%. Una parte importante de estos fondos se canalizan a través de organismos internacionales.

En junio del año pasado nos preguntábamos en estas páginas: “El gobierno español se ha propuesto como objetivo aumentar de forma sustancial la ayuda oficial al desarrollo. Y una de las vías fundamentales elegidas para ello es la de las contribuciones a los organismos multilaterales. Estamos hablando de cifras de dinero muy elevadas, y parece inevitable preguntarse sobre cómo se está gestionando esta política. ¿Cuál es la estrategia que se sigue en las contribuciones a organismos multilaterales? ¿Se están evaluando los resultados que tienen estas contribuciones,  su impacto sobre España, su proyección exterior, imagen, etc.? ¿En función de qué criterios y procedimientos se deciden los organismos y programas beneficiados y las cifras asignadas?”

La ONG Intermón Oxfam publica desde hace años un informe sobre la ayuda oficial al desarrollo, ampliamente reconocido por su calidad. En su última edición, “La realidad de la ayuda 2009”, publica un artículo de José Antonio Alonso y Jessica del Olmo, del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

Alonso, catedrático de la universidad Complutense, es desde hace tiempo uno de los principales especialistas españoles sobre temas de cooperación. En su artículo se apunta a que ese desmesurado crecimiento de las contribuciones a organismos internacionales responde en buena medida a esa obsesión por aumentar la AOD como sea, ya que “sólo a través de las instancias internacionales era posible canalizar, con la agilidad y eficacia requerida, unos recursos de la ayuda que aparecían sometidos a una tendencia expansiva difícil de digerir desde bases estrictamente nacionales”.

Alonso y del Olmo escriben:  “No es exagerado afirmar que una parte de las aportaciones multilaterales responde más a la búsqueda de alternativas a las deficiencias del sistema bilateral que al reconocimiento de las ventajas estratégicas del organismo finalmente financiado (…) El problema es que también para hacer ayuda multilateral de calidad es necesario disponer de capacidades técnicas y humanas propias para identificar instituciones, programar aportaciones, negociar contenidos y establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas. La cooperación española partió de muy limitados medios técnicos y humanos para hacer esas tareas, por lo que no es extraño que el proceso viniese teñido de una cierta improvisación”.

Alonso y del Olmo se refieren a la ausencia de estudios, de planificación, de evaluación, a la que nos habíamos referido nosotros el año pasado: “Por lo demás, no siempre el respaldo otorgado por España se justifica por la calidad o eficacia de la institución financiada. De hecho, no se conoce estudio previo alguno por parte de la Administración que haya informado, de una manera objetiva y contrastable, acerca de las competencias técnicas, adecuación del mandato y eficacia operativa de las instituciones como condición previa a la asignación realizada. Por último, ha sido también muy bajo el nivel de seguimiento y evaluación de los programas financiados y son tenues las exigencias de rendición de cuentas incorporadas a los acuerdos de financiación”.

En todo momento es necesario gestionar con la máxima eficiencia el gasto público. Pero en los momentos actuales de crisis, que ha golpeado a España con especial virulencia, se hace más necesario que nunca optimizar la utilización de los fondos públicos. Existen  motivos sobrados para pensar que los fondos de cooperación, en particular los canalizados a través de organismos internacionales, no están siendo gestionados con la máxima eficiencia. Mantener su crecimiento, por el simple hecho de que hay que alcanzar el objetivo del 0,7%, sin mayores explicaciones ni razonamientos, no parece la opción más razonable, en  nuestra opinión.